Por: Daniela Ocampo. 

“Una noche tuve un sueño… soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida. Por cada escena que pasaba me di cuenta de que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y otras, las del señor.

Camina con Jesus

Concluida la última escena miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaba sólo un par de pisadas. Noté también que eso sucedía en mis momentos más difíciles. Eso realmente me preocupó y pregunté entonces al Señor:

—Señor, Tú me dijiste a través de tu palabra que siempre irías conmigo a lo largo del camino de mi vida. Sin embargo, durante los peores momentos de mi existencia veo que en la arena hay solo un par de pisadas. No comprendo porqué me abandonabas en los momentos en los que yo más te necesitaba.

 

Y entonces Jesús, fijando su mirada bondadosa en mí, me contestó:

 

—Mi querido hijo, yo siempre te he amado y jamás te abandonaré en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue porque, justamente en los momentos más complicados de tu vida, te llevé en mis brazos”.

 Recuerdo que, al leer este texto, experimenté una montaña rusa de emociones. Al principio me pregunté por qué solo había un par de pisadas ¿Por qué el Señor lo dejó solo?

 Es curioso, porque esto se genera en algunas personas cuando llegan dificultades. Muchas veces podemos sentirnos abandonados por Dios o pensar que nos está castigando; pero, no. Cristo nunca nos abandona. Siempre estará con nosotros hasta el último instante.

A lo largo de la vida algunas  personas vienen y van. Algunas te fallan, algunas te sorprenden. Desde mi perspectiva, es difícil confiar en los demás,  poner cosas en las manos de otro. Inclusive ¿poner mi vida en las manos de Dios? ¿Cómo confiar en alguien que no puedo ver? ¿Cómo sé que, en el último momento, no me va a dejar caer?

Sagrada Familia

Cuando llegué al final de la historia no pude evitar sonreír. Y pensé:

“Oh Jesús… ¿cómo no te pude ver ahí antes? ¿Cómo es que recién hacia el final del relato me di cuenta de que tú habías estado ahí siempre? ¿Cómo fue que tardé tanto en ver que esas huellas eran las tuyas?”

Sonreí porque no tenía duda de que era cierto, porque Jesús me ha cargado en muchos momentos problemáticos. Sonreí porque me vi en sus brazos. Y al mismo tiempo bajé la mirada porque no lo distinguí a mi lado al principio, porque dudé y consideré que me hubiera abandonado.

Ahora tengo la certeza de que siempre ha estado ahí. Siempre. Jesús en tantas ocasiones me ha cargado, me ha tomado de la mano aun decepcionándole yo.

Querido lector, Jesús está a tu lado. No te abandonará, sin importar qué suceda.

Sé que a veces parece que estuvieras luchando por tu cuenta; sé que en ocasiones el mundo puede darte la espalda y decepcionarte. Pero este Jesús sobre el que estoy escribiendo no lo hará: te ama como nadie nunca lo podrá hacer y si de algo estoy segura es de que este Jesús que murió por ti en la cruz nunca te dejará sol@ en el camino. 

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