La lógica del perdón

por | Feb 18, 2022

¿Cómo perdonar a alguien que te ha hecho daño? ¿Cómo puedes simplemente volver a comenzar, olvidar? ¿Quién podría ser capaz de sonreírle a una persona que lo dejó roto en mil pedazos?

Si buscas la lógica de cómo perdonar, de cómo “hacer las cosas como antes”, no la vas a encontrar. Si buscas la respuesta de por qué Cristo, después de nosotros haberlo ofendido tanto, no sólo nos perdonó, sino que incluso dio su vida por nosotros, entonces te diré que no hay pensamiento humano que pueda explicarlo. No hay manera de dar una explicación razonable. Ya que esa es la lógica del perdón, no tiene sentido. 

Muchas veces cuesta perdonar; es más, cuando verdaderamente perdonamos el proceso puede ser muy difícil. O al menos así lo veo yo. Porque perdonar no es decir que estamos bien, pero en la primera pelea recordar todo lo malo; tampoco es evitar a esa persona o cerrarle las puertas por ese error que nos hirió. Perdonar es distinto (muy distinto) a enojarse, a defenderse, a hacerse de rogar. Para mí, perdonar es el acto de amor más grande que puede haber porque es amar y volver a amar sin importar que.

No podemos amar de verdad si no perdonamos; sin embargo, a veces son aquellas personas a las que más amamos a quienes más nos cuesta perdonar. Ya que son en quienes más confiábamos, quienes menos esperábamos que nos decepcionaran, quienes sus balas penetran en lo más profundo de nosotros. De un enemigo podemos esperar que nos lastimen, pero es del amigo de quien nunca sospechamos. Y es entonces cuando nos preguntamos: ¿cómo puedo amar después de sufrir? ¿Cómo puedo abrirme, dar todo, si corro el riesgo de quedar lastimado?

El perdón

Cada día, Dios nos sonríe una y otra vez. No importa cuántas veces hayamos metido la pata, no importa que hayamos hecho o cuantas veces lo hayamos ofendido, siempre nos espera con los brazos abiertos. Y no creo que Dios se base en argumentos o razones para perdonar; no creo que tenga una lista de pros y contras por lo que debería aceptarnos de nuevo. Después de todo, él es Dios. ¿En que le afectaría que nos salváramos o no? Él simplemente…ama. Y ahí está la lógica que tenemos del perdón: el amor. Lo que siente por nosotros es más fuerte que el error que hayamos hecho. No necesitamos datos para perdonar, solo un corazón abierto.

El corazón que ama nunca tendrá una vida cómoda, y eso a veces es difícil de entender. Amar es sonreír en medio de la tormenta, estar ahí cuando nadie más está ahí, es esperar lo mejor y nunca abandonar. Amar es un compromiso, es más que sólo besos y abrazos. Y el perdón, en mi opinión, es la parte más importante dentro del amor.

Nadie es perfecto, todos cometemos errores y caemos en el camino. Sin embargo, nos levantamos porque queremos seguir adelante, porque tenemos esperanza en que mejoraremos. El pecado nos puede tirar una y otra vez, podemos incluso caernos en el hoyo más profundo; pero, mientras haya perdón, siempre habrá una manera de seguir. Ya que eso es perdonar, es dar una cuerda para ayudar a quien cayó, es salvar un alma que pudo haberse perdido. Y aunque sacar a alguien del hoyo en que se metió no hará que ese agujero desaparezca, sí lo volverá menos profundo. Con el tiempo, se volverá a llenar de nuevo; no quedará como estaba antes, pero sí mejorará.

Perdonar es lo más hermoso que podemos hacer porque es dar nuevas oportunidad, es decir una y otra vez “te quiero a pesar de esto”. Es querer a la persona no sólo en sus buenos momentos sino también en sus fallos. Es demostrar que el amor es más, mucho más que cualquier pecado.

La lógica del perdón es el amor, porque sólo un corazón puede ver luz donde había oscuridad, solo amando podemos ayudar a quien nunca nos ayudó. Perdonar es amar, es dar otra oportunidad, es olvidar, es volver a comenzar, es sonreír en medio del dolor. Perdonar es amar cuando es imposible amar, querer cuando bien podríamos odiar. Es la medicina que cura cualquier cosa. El perdón no es algo que alguien deba merecer, es un regalo que da más amor del que podrías creer. 

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