Por: Dany Ocampo. 

Antes solía creer que evangelizar era algo complicado; pensaba que uno tenía que viajar a diferentes partes del mundo, saberse la Biblia de memoria y hablar de Dios con cualquiera que encontrara. Sin embargo, hace poco me ha maravillado ver lo fácil que puede ser transmitir a los demás la palabra de Dios. Ya que evangelizar es eso: predicar o dar a conocer la doctrina cristiana.

Mas, ¿cómo hacemos eso? ¿Cómo podemos “predicar”? No hace falta tener grandes conferencias o viajar al otro lado del mundo para llegar al corazón de una persona. Lo que de verdad llega al corazón de los demás son los pequeños actos; esos detalles de amor y servicio hacia los demás, esas palabras cariñosas o poco ordinarias que influyen en las vidas de otros. Al final, vivir como cristiano es evangelizar; ya que, si escuchas la palabra de Dios y la practicas en tu vida, acabas transmitiendola a los demás a través de tus actos cotidianos.

Jesus
Así que, para poder anunciar el Evangelio, primero uno debe vivirlo; hay que conocer a Jesús para poder hablar de él. Pero ahora, ¿cómo conocemos a Jesús? Con el Evangelio. ¡Ese es el primer paso para Evangelizar! Jesús no envió a sus discípulos de un día a otro, tuvo que enseñarles y corregirles. Pues igual nosotros debemos dejar entrar a Dios en nuestras vidas para después llevarlo a las vidas de los demás. No podemos recomendar algo que no conocemos.

Jesús quiere entrar a nuestras vidas. A las de todos. Quiere que nos salvemos y ayudemos a muchos a salvarse. Si nosotros le abrimos la puerta de nuestro corazón, Él nos ayudará a abrírsela a más personas. Y si nuestra propia vida es ejemplo de la doctrina cristiana, eso mismo es lo que llevará a los demás a conocer a Dios.

Una vez escuché una historia sobre cómo aquellos que conocen y viven el Evangelio serían esas personas que, durante el Titanic, sobrevivieron en los barcos; mientras que los que están alejados de Dios serían los que están en el océano. Ahora bien, ¿qué crees que haría Jesús si estuviera en uno de los barcos? ¿Se quedaría sano y salvo con los demás? ¿O intentaría subir a más personas?

En el barco del amor de Dios hay mucho espacio. Evangelizar es ayudar a esas personas que están en el agua a subir, es compartir todo lo que Jesús nos ha enseñado. Y si algo nos enseña Cristo es a amar. Evangelizar es dar a conocer ese amor, ese perdón, esas parábolas que tanto nos dicen; es compartir la palabra de Dios y lo que enseña. Y algunas veces los actos dicen más que las palabras.

Dios te invita a compartir su mensaje

Todos estamos llamados a promover el Reino de Dios, a compartir su mensaje con los demás. ¿Cómo compartes un mensaje de amor? Actuando conforme al amor. ¿Cómo compartes la palabra de Dios? Viviéndola y aprendiendo de ella. Cristo envía a la Iglesia a anunciar que todos podemos llegar al Reino de los Cielos. Evangelizar es dar ese anuncio, esa invitación. Y podemos empezar con aquellas personas cercanas; con aquel amigo, compañero, hijo, hermano, club, etc. Algunos tal vez piensen que una persona no puede hacer la diferencia, pero ¿que no era Jesús solo una persona con doce discípulos?

Evangelizar
Cada uno tiene una misión, a cada uno Dios le pide algo distinto. Si todos ponemos nuestro granito de arena, vaya playa que crearemos. Si algo he aprendido durante esta pandemia es que cuando buscas hacer algo que va a hacer feliz a Dios, él pone los medios. ¿Tú crees que Dios no va a querer que más personas se salven?

Tienes en tus manos la oportunidad de ser mensajero del mejor amigo que existe; tienes la oportunidad de compartir la noticia más grande. No necesitas un gran megáfono, corre la voz y ya verás cómo se difunde. Empieza con acciones pequeñas.

Cada día, Dios te invita a compartir su mensaje; a invitar a otros al cristianismo. Y con un mensaje de texto, una historia de Instagram, una carta, una sonrisa, una oración, puedes transmitir su Palabra. ¿Quieres llegar más lejos? Invita a una sola persona a Misa y tal vez esa invitación pueda cambiar algo en su vida.

“No hay mejor forma de evangelizar que con tu testimonio de vida”.

Vivir conforme a la palabra de Dios es transmitir la palabra de Dios; no hacen falta acciones extraordinarias, sino volver extraordinario aquello que es cotidiano. Evangelizar es compartir, es ser un mensajero de la alegría de la Salvación. Y, ¿qué mejor forma de transmitir amor que viviendo el amor?

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