Por: Fernando Arriero Perantón. 

Las fronteras separan, dividen, distinguen, comparan, etiquetan, valoran.

El Dios de Jesús une, convoca, no pregunta por el origen de cada persona y trata a todos desde la dignidad que a todos nos hace iguales: ser hijos de Dios.

Ser discípulo de Jesús no es nada fácil en estos tiempos… (¿lo fue en algún tiempo?) porque en un contexto en el que la verdad, la bondad, la belleza quedan relativizadas y solo sostenidas por el juicio de cada individuo, buscamos seguridades con mayúsculas, principios morales inamovibles, certezas inquebrantables, cimientos en los que no aparezcan grietas por las que se cuelen nuestras dudas.

Y de repente nuestra Iglesia nos dice:

“No os repleguéis”, “Salid de vuestra tierra”, “Somos en salida”, “Se nos espera en las fronteras”.

Y nos miramos atónitos y nos preguntamos si estamos preparados para ello. Y algunos creen que salir afuera es salir a la puerta del templo para decir “Venga, entrad a nuestras catequesis, que son los viernes de 17h a 18h”. Y algunos creen que el Papa se ha vuelto loco. Y algunos creen que las fronteras es dejar que un laico dé la comunión.

Y de repente, una pandemia mundial que nos obliga a emplear medios digitales para llegar, por lo menos, a los ya creyentes. Y de repente, esos medios llegan también más allá. Y de repente, nos damos cuenta de que las fronteras son “humo” y realidades inexistentes que el ser humano ha creado, pero que la tecnología y el Espíritu se las salta sin pedir permiso.

Sin fronteras challenge

Y ahí aparecieron los Challenge. Una realidad que traspasa límites diocesanos, un proyecto que llega a niños, jóvenes, adultos, ancianos. Peregrinaciones virtuales ofrecidas al mundo para quien las desee aprovechar, para quien desee conocer rincones de densidad espiritual y compartir lo que el Espíritu va haciendo en el propio corazón.

Y por eso, los Challenge están llamados a lanzarse a las fronteras de la teología y la espiritualidad. Challenge prefiere quedar herido por las espinas de las equivocaciones antes que permanecer en la seguridad de la ortodoxia perfecta. Challenge nació con vocación exploradora, aventurera, innovadora… aunque bebiendo de las ricas tradiciones espirituales que tejen el alma del mundo. Challenge no se entretiene a comprobar las tarjetas de vacunación de los peregrinos o su pasaporte o su tendencia sexual o la frecuencia de la participación en los sacramentos o la afiliación política o el dinero que hay en sus cuentas bancarias. Challenge es una propuesta preñada de libertad que desea generar fraternidad universal atendiendo a las personas o comunidades más vulnerables, al mismo tiempo que ofrece itinerarios acompañados de fe y vida.

Desde su vocación de ser puente entre fronteras, quién sabe si en el futuro llegue un “Ecumenismo Challenge” o un “Religions Challenge” o un “Ateísmos del mundo Challenge” o un “Silence Challenge” o un “Calcuta Challenge”.

Algunas congregaciones nos piden dar a conocer a sus fundadores y carismas al mundo entero, pero también llegan peticiones de ofrecer cursos para novios “pero diferentes y frescos que los novios no se asusten”; cursos de oración litúrgica, “pero diferentes y alegres que todo el mundo pueda entender”; o un Challenge de Doctrina Social de la Iglesia “pero actual y que todo el mundo pueda entender”. Esto me hace pensar que lo que a veces ofrecemos la Iglesia es ininteligible para nuestros contemporáneos y, por lo tanto, insignificante. Quizás las fronteras también tengan que ver con el lenguaje, las formas, el método, la empatía.

Evangelizar sin fronteras

La verdad es que no sé qué nos depararán los próximos meses. El tiempo lo dirá.

Hoy por hoy, vamos paso a paso, construyendo Familia Challenge porque solo con la entrega de todos podemos lanzarnos a lo que Dios nos va pidiendo. Pero, eso sí, listos para salir hacia las fronteras geográficas, mentales y espirituales.

Si quieres ser parte de una Iglesia es salida, seguro que nos encontraremos.

Siempre he dicho que Challenge fue un regalo del Resucitado mientras caminábamos hacia el Pentecostés más extraño de las últimas décadas, en medio de la pandemia de la COVID-19. ¿Acaso no es esto ya un signo de que este proyecto estaba llamado a nutrirse de la sobreabundancia para trascender los esquemas de siempre?

Por eso, como solemos decir en cada etapa Challenge, mucho ánimo y EUNTES.

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