Por: Mónica Benetti. 

Dedicado a Etty Hillesum

Conocer a Etty Hillesum gracias al peregrinar por el Auschwitz Challenge –que sin lugar a dudas te recomiendo-, me ha regalado vivir muchos “encuentros de oración e interioridad” de la mano de Etty. Me gusta tener largas conversaciones de corazón a corazón percibiéndola sentada a mi lado o, caminando juntas entre los barracones. Pues aquí te comparto el fruto de uno de esos preciosos encuentros.

Caminando por mi propio campo de concentración, me he encontrado contigo. Allí, entre los barracones donde tu cielo y el mío se hacen uno, donde el tiempo y la distancia poco importan.

Y ahí estoy yo, caminando apesadumbrada con mis heridas, dejando que un sopor profundo anide por momentos dentro de mí.

Y de pronto, tú me miras profundamente a los ojos y me regalas –como en una visión- ir conociendo los momentos más significativos de tu vida. Inclino mi alma en señal de agradecimiento y me adentro en tu territorio sagrado con mis pies descalzos.

Y allí resueno, allí encuentro en tantas escenas que me compartes, espejada mi propia vida.

Y me siento interpelada a volverme hacia adentro, a ahondar en lo profundo de mi cuerpo y de mi alma.

Etty Hillesum

Y allí no sólo contacto con la Fuente que me habita, con mis Tres, sino que me encuentro más profundamente conmigo, con ese núcleo vital que es capaz de brillar –aún- en medio de la más profunda oscuridad.

Allí están mis luces y mis sombras,
mis fortalezas y mis debilidades,
mis sueños y mis miedos,
mis amores y mis demonios,
mi egoísmo y mi capacidad de convertirme en pan partido para otros,
todo está dentro de mí.

Mientras me miras profundamente a los ojos, sonríes eres capaz de comprehender lo que estoy viviendo. Tu sonrisa me anima y me contiene. Caminamos a la par por esos senderos tenebrosos acariciados por el sol.

Soy capaz de mirar hacia atrás y reconocerme en cada escena de mi vida, me veo allí presente, capitalizando cada aprendizaje que se ha hecho fruto, tanto desde las alegrías como desde el sufrimiento.

Me reconcilio con algunas de mis heridas, paso a paso, sabiendo que el resto de mi vida será un largo proceso de sanación.

Acaricio mis vulnerabilidades con ternura, como si en ellas pudiera colmarme con el amor que anhelo. Me reconozco plenamente presente en cada una y –en lugar de procurar alejarme, como en otros tiempos- aprendo a permanecer, a hacerme plenamente presente en cada una de ellas.

Mirar con amor y compasión mis propias vulnerabilidades es lo que realmente me permite acoger de la misma manera las de aquellos que caminan a mi lado por la vida.

La tarde avanza y el ocaso nos permite vislumbrar sus primeras pinceladas. No quiero irme de allí, quiero seguir caminando a tu lado, de tu mano, dejando que mi vida se despliegue y acoja brotes nuevos, brotes que nacen como fruto de aquellas noches que han estado tan pobladas de oscuridad.

Realizo un profundo silencio interior y allí encuentro el maravilloso eco de tu alma. Allí voy dejando que tus susurros se transformen en gritos, que me convoquen a despertar.

Etty Hillesum

Todo ha tenido sentido, todo tiene sentido, un profundo sentido a pesar de que los hilos de mi vida parecían dispersos, todos forman un precioso bordado que –como un mapa- se despliega frente a mí. Agradezco cada hilo, cada circunstancia, cada persona que ha participado de este inmenso entretejido que hoy constituye mi vida.

Las manos del Gran Bordador se me revelan tiernamente, me percibo en la palma de su mano a lo largo de todo mi recorrido, doy gracias, infinitas gracias. Mi corazón se serena, sonreímos juntas.

Percibo delante de mí un ancho sendero que se despliega y me invita a entrar en él. Te sonrío una vez más, me atrevo a emprender la marcha, sé -sin dudas-, que seguiré caminando de tu mano.

La noche se va desplegando en plenitud, sólo una luna brillante alumbra nuestro caminar. Cada una debe regresar a su “propio barracón” -físicamente, claro-; porque una vez que se han unido nuestras almas, me experimento en comunión, en unidad, tengo la certeza profunda en el corazón, de que nunca dejaré de caminar a tu lado.

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