80 años… silencio, dolor y… un gran destello de luz

por | Jun 19, 2023

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 WikiCommons / Photo illustration by Katie Kosma

Como tantas otras veces, me percibo caminando con Etty Hillesum entre los barracones de Auschwitz. Dejo que sus palabras toquen mi corazón y mi vida y me interpelen. Me encanta beber de su humanidad. De su sinceridad tan profunda que la vuelve transparente y a su vez le permite brillar.
Esta vez el encuentro es diferente… pues hace poco más de un mes he estado presencialmente en Auschwitz-Birkenau. Tercera vez que estoy allí, pero primera desde que conozco a Etty… Y todo ha sido diferente. Ese suelo por el que caminaba, aunaba nuestras pisadas más allá del tiempo transcurrido, de la misma manera que mirar al cielo desde allí me regalaba otra perspectiva, otra mirada. La mirada de mi corazón era diferente. La chica que irrumpió en mi vida en septiembre de 2020 -en medio de la pandemia que vivíamos- y que se transformó en mi hermana mayor espiritual, pasó su último tiempo de vida allí. Estuvo menos de tres meses en Auschwitz… Y allí creyeron que -al matarla- podían terminar con sus sueños, con su amor… sin saber que –en realidad- lo estaban multiplicando. Seguramente esto mismo ha pasado con tantas personas a las que la vida les fue arrebatada en aquel infierno.
Conociendo a Etty puedo vivir en plenitud la experiencia de que la muerte ha sido vencida. Nadie puede matar el amor universal que ella no sólo fue dejando que crezca en su interior, sino que se animó a derramar sin medida en los demás. Amor que sana, consuela, acompaña y que también es una muestra clara de la posibilidad, del potencial que tenemos en nuestro interior.
Y estar allí en este 2023 me conecta con el 80 aniversario de su muerte… tiempo que me revela mensajes de lejanía y de cercanía a la vez. Tiempo que me habla de ausencia y de presencia. Tiempo que me muestra la posibilidad de vivir la Comunión de los Santos y el regalo que ello implica…

Puedo espejar mis luces y mis sombras en ella… como ella bien lo dice: “lo llevamos todo dentro”: lo que nos enorgullece y lo que nos avergüenza; la posibilidad de bien y de mal de manera inimaginable; el despliegue de la naturaleza humana a tope, sin medidas.

Poder asomarme al proceso interior que Etty realiza en los últimos 34 meses de su vida me permite ser testigo de una gran transformación interior. De un crecimiento vital que puede desplegarse cuando uno se anima a una sincera y profunda exploración interior. Y cuando puede sincerarse con los distintos aspectos de su vida y con su propia historia personal, familiar, histórico-geográfica, valorativa, etc. Una mirada integral, holística, que nos regale un panorama de todo lo que ha colaborado para que hoy sea quien soy…

No da lo mismo nacer en una parte del mundo que en otra…

No da lo mismo nacer y vivir en un determinado país, zona, región, que en otra…

No da lo mismo vivir y empaparse de una determinada cosmovisión, valores, creencias, que en otra…

No da lo mismo tener una determinada educación, formación, profesión, que otra…

Somos lo que nos va constituyendo a lo largo de nuestra vida… preciosa conjunción de historia genética y de experiencias de socialización.  Pero hay un núcleo vital que nos iguala a todos. Una esencia, un perfume que brota con fuerza desde lo más hondo de nosotros si lo permitimos.

 

Y la vida de Etty ha sido una clara muestra de ello. Con cuestiones familiares que ha padecido y con dones que ha recibido como grandes regalos…

Sin embargo, el “paquete” que constituye lo que somos en un determinado momento de nuestras vidas, se atreve a interpelarnos. Y nuestro verdadero “sí mismo” (lo consciente + lo inconsciente que nos habita), pugna por desplegar toda su verdad. Anhelamos transformarnos en esa persona que estamos llamados a ser. La necesidad de verdad, congruencia y autenticidad se ponen de manifiesto con su máximo esplendor. Vivir de tal manera que lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos estén totalmente en sintonía, se vuelve una necesidad imperiosa.

Como nos muestra Carl Jung, ya no prima vivir desde afuera -desde los reclamos e imposiciones exteriores: familia, amigos, sociedad- sino que necesitamos vivir desde adentro…  desde lo que sinceramente sentimos como propio, como genuino, en verdadera consonancia con nuestros propios valores, deseos y anhelos personales. Lo que parece imponerse desde el exterior, ya no nos sirve. Somos cada uno de nosotros -de manera única y personal- quienes, despojándonos de condicionamientos exteriores, elegimos el menú de nuestras vidas.

Por supuesto que suelen presentarse limitaciones, pero Etty nos muestra en su propia vida que podemos ser libres interiormente aún en las circunstancias más adversas. Etty nos invita a ver que “la vida es bella a pesar de todo” mientras camina entre los barracones de un campo de concentración.

Contactar con aquello que habita dentro nuestro, nos invita también a un precioso proceso de sanación interior. No se trata sólo de sonreír con las rosas, sino que también nos tocará lidiar con las espinas –de eso se trata la vida-. Y este camino es probable que no nos resulte “cómodo”, pero nos regalará mucho fruto.

Es común que estas inquietudes se gesten a partir de la maduración que nos provoca una crisis en la mitad de la vida… y que la búsqueda de su resolución nos sumerja en este proceso. La sabiduría no suele llegar en etapas primeras de la vida, sino más bien entrada en la edad adulta -40 o 50 años-. Sin embargo, a Etty se le regala poder comenzar a vivirla tempranamente. Etty empieza a vivir este proceso a sus 27 años. Sin dudas se gestó en ella una profunda revolución interior -fruto de atreverse a mirar sin filtros la realidad de su propia vida- y acoger la disconformidad que varios aspectos le generaban. Y Etty ha sido muy valiente, pudo afrontar la realidad –no sin dolor- pero sí con suma integridad.

Seguramente las circunstancias externas han influido mucho para ello. En 1940 los nazis invaden Holanda y –por más que la amenaza no se revela rápidamente- poco a poco en Etty va gestándose la conciencia de limitaciones exteriores y de amenazas en su propio corazón… Y esta conciencia ha realizado un trabajo estupendo en su interior. En lugar de sumirla en el miedo y la desesperación, le fue regalando una mayor conciencia acerca de la belleza de la vida. A medida que iba perdiendo libertad exterior, se multiplicaba su libertad interior, su amor y su anhelo y capacidad de donarse a los demás.

Es increíble ver cómo Westerbork se transforma para Etty de una amenaza en una oportunidad. Oportunidad de trascenderse para convertirse en “bálsamo y pan partido para los demás”. Y eso es maravilloso. Etty no vivía en una irrealidad. Por supuesto que cuando tuvo que mirar cara a cara que había llegado el momento subir al tren que la conduciría a ella y a su familia a Auschwitz, eso le generó dolor. Había vivido una profunda reconciliación interior con su historia familiar y con la verdad acerca de cada uno de los integrantes de su familia. Había perdonado, había derramado su amor sobre cada uno de ellos. Había elegido correr su mismo destino… ¡Pero claro que dolía!
Sin embargo, Etty tenía la capacidad de recibir como un gran tesoro los pequeños-grandes regalos de cada día. Etty es capaz de ver que el vaso de la vida está siempre lleno… de agua, de aire, de lo que sea, pero siempre está la vida rebosante ante nosotros y depende de cada uno cómo podemos acogerla y vivirla… Ella misma lo transita en sus períodos de enfermedad. Si bien el desánimo se hace presente con fuerza antes y durante los inicios de su camino interior, estos desánimos se truecan por una serena aceptación que poco a poco le permite vivir la enfermedad con una entrega diferente. ¡Cuidado, hablamos de aceptación y no de resignación! Del nacimiento de una profunda conciencia de vulnerabilidad y finitud propia y de cada uno de los seres vivos. Conciencia que, en lugar de opacarla, le ayuda a vivir la vida en mayor plenitud. El regalo de la vida se renueva cada mañana.

Etty conoce a quien será “el partero de su alma” el 3 de febrero de 1941 y ahí –como ella misma lo señala- sentirá que se le ha regalado un nuevo nacimiento… tal vez como el que Nicodemo descubre en sus diálogos con Jesús. Y bastarán muchos menos que los 34 meses que la separan de su asesinato en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 -según algunos datos de que se disponen-, para que pueda recorrer el camino de transformación de la oruga que le permite transformarse en una mariposa en plenitud.

…Mariposa que no pasará desapercibida, que compartirá los destellos de su vida entre los que “vuelan a su alrededor…”. Mariposa con una vida tan plena como efímera… En Auschwitz Etty encontrará la muerte, pero esa muerte no podrá “desaparecer” a Etty. Un pedacito de ella ha quedado en cada persona a quien ella ha acompañado ya sea en Westerbork como en Auschwitz. Un pedacito de ella ha quedado en sus Diarios, como un gran legado para la humanidad. En el fruto de su exquisita pluma podemos encontrarnos con un gran legado… con reflexiones que nos invitan a crecer en nuestra propia humanidad. Percibimos en sus escritos la necesidad de parirnos, de darnos a luz a una vida nueva que –muchas veces- está enterrada junto a Dios en nuestro profundo pozo interior.

En ocasiones le rehuimos a ese proceso interno, proceso que nos regala una nueva vida, más allá del dolor que a veces tenemos que experimentar al transitarlo. Como nos dice delicadamente Richard Bach en su libro “Ilusiones”: “Lo que la oruga interpreta como el fin del mundo, es lo que su dueño denomina mariposa”.

Etty desafía su propia cosmovisión y como diría Carl Rogers, se atreve a que su experiencia sea su máxima autoridad. A pesar de haber nacido en una familia de origen judío y de haber comulgado con el socialismo ateo –que ha sido el único que ha enfrentado a los nazis en Holanda-, se permite seguir su impulso de arrodillarse y encontrarse con el Dios que la habita en su interior… Etty realiza un largo camino. Ella misma admite que debe “desenterrar a Dios” que no se presenta tan asequible en su interior. Pero a pesar de la tarea que esto implica, Etty no claudica… se atreve a quitar con sus propias manos –uno a uno- los terrones que ocultan el rostro de Dios en ella… Y poco a poco va bebiendo de estos encuentros… su sed interior se va saciando y –a medida que bebe de su pozo interior- deja brotar en ella nuevos manantiales.

Es tal la conexión que alcanza, que incluso desea ayudar a Dios en medio de la realidad que le toca vivir. Se le regala la conciencia profunda de que no tiene cabida en este mundo ni una gota más de odio… que sólo puede derramar sobre las circunstancias y sobre las personas, un poco de su inmenso amor…

80 años después… Etty está más viva que nunca y nos alcanza la luz que se desprende de su vida. Etty nos mira a los ojos… y en esa mirada nos apremia a que no seamos indiferentes a las realidades que nos rodean.

Hoy existen “otros campos”, otras discriminaciones, otras guerras, otros flagelos, no menos peligrosos y dañinos que las vivencias de aquellos tiempos.

Nos rodea la trata de personas…

El azote de la droga…

La manipulación y el sometimiento de gobiernos populistas y opresores…

La huida migratoria de tantas y tantos que ven amenazadas sus vidas…

El hambre que arrebata la vida de muchos…

…y así podríamos seguir con una larga lista de realidades inhumanas…

Y hoy somos nosotros los llamados a ser “otr@s Etty” en este mundo, en este presente de nuestras vidas. En el lugar y en el tiempo en que hemos nacido y habitamos. Somos invitados a desplegar lo mejor de nosotros, a no dejarnos sumir en la indiferencia no sólo frente a los otros, sino frente al despliegue de la plenitud de nuestra propia vida. Estamos convocados a encontrarnos con nuestra propia verdad y a ser nuestra mejor versión. Y –desde allí- ser capaces de dejar el egoísmo y poder trascendernos para donarnos a los demás… No se trata de inmensas proezas, tal vez son suficientes pequeños-grandes gestos dadores de consuelo, esperanza, vida…

Sólo se trata de limpiar nuestra mirada y de dejar fluir lo mejor de nosotros desde lo profundo del corazón. Se trata de animarnos a dejar de lado lo que muchas veces una sociedad y un mundo mezquino nos proponen, para lanzarnos a vivir lo más genuino. Desenterrarnos y desenterrar al Dios que nos habita. Tener la valentía de enfrentar a tanta mezquindad presente, combatiéndola con la generosidad de nuestro propio ser.

Parece una gran utopía, pero no lo es. Etty nos lo ha demostrado con su propia transformación y con su propia vida. Podemos elegir con libertad… y allí –frente a las encrucijadas de la vida- nos podemos encerrar en el individualismo o podemos abrirnos con generosidad a la comunión con quienes compartimos la vida. Ese es el gran desafío para darle cabida a la transformación del mundo en que vivimos. Ese cambio, habita –al igual que en Etty- en nuestro interior.

¡Gracias Etty por tanto! Regálame seguir bebiendo de la fuente de tu vida. Regálame una mirada clara y una voluntad férrea. Que pueda animarme a soñar y a construir -en el presente de mi vida- un mundo mejor.

Con amor, tu hermana Mónica. 17/5/2023

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2 Comentarios

  1. María Candida Ramos García

    Magnifico testimonio. Espiritualmente Etty me está ayudando muchísimo. Gracias a tantas personas que me están ayudando a conocerla.

  2. Inmaculada González

    Bonita vivencia de Etty, me apunto también a seguir profundizando en su vida para testimoniar en la mía .

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