Por: Martín Palacios Añañós.

Una persona que camina por tierras extrañas. Así podemos definir, con frialdad, al peregrino y caminante.

Pero hoy te propongo un desafío: Que me acompañes en esta reflexión porque los dos, vos y yo, somos peregrinos y caminantes. ¿Un desafío?  Claro. Si en lugar de desafío te digo “Challenge”. Estoy seguro que esa palabra te ha sonado más de una vez en lo que va de esta pandemia. ¡Es que los Challenge nacieron con ella en marzo de 2020!

Vamos a darle una vuelta a esa primera definición: un peregrino es quien decide realizar un viaje, extenso o no, para llegar a un templo o lugar sagrado como una muestra de su fe y compromiso con Dios. La idea religiosa del peregrinaje se asocia a la vida como un camino a recorrer. Mejor ¿no?

¿Cuántas veces escuchamos que la vida es un peregrinar? Muchas. ¿Cien? ¿Doscientas? ¿Mil? ¿Sin cuenta? Sí, sin cuenta porque no puedo sacar la cuenta de las veces que he escuchado esa frase.

¿Y has visto la alegría de una familia cuando un niño se larga a caminar? Toda una conquista del chiquitín. Toda una aventura conocer lugares nuevos.

¿Por qué peregrinar y caminar van juntos?

Porque la vida es un camino por recorrer y el niño que comienza a caminar experimenta libertad, pero también incertidumbre al igual que cuando nosotros empezamos a caminar un camino nuevo.

Peregrinar es caminar hacia un destino que podemos tener muy claro que es algo bien distinto a caminar sin tener mucha idea hacia dónde vamos, aunque intuyamos algo especial. Caminar es peregrinar por tierras extrañas. Tierras extrañas que pueden ser terminar el colegio y empezar a trabajar o comenzar una carrera universitaria o mudarse de una ciudad a otra por trabajo, dejar la casa de siempre por amor, caminar nuestras propias tierras extrañas que están en nuestro interior o cerrar una puerta sin volver la vista atrás y ponerse “en salida”. Y para vos ¿Cuál sería la tierra extraña que estás caminando?

Antes de continuar este camino de tinta y papel te habrás dado cuenta que me gustan los juegos de palabras. Espero que te gusten tanto como a mí. Y de no ser así espero que al leer estas líneas le tomes el gusto. Espero. Espero con esperanza y por eso no desespero.

Peregrino virtual, ¡peregrino real!

Si alguien que sabe que has hecho un Challenge, te dijera: ¡Pero eso no es real! Yo prefiero peregrinar “de verdad”. ¿Qué le contestarías?

A mí se me ocurren varias respuestas. Hagamos un ejercicio. Vamos a ensayar una respuesta o una reflexión. Prefiero este último término. Pensar con el otro. Pensar en el otro. Pensar para el otro. No pensar por el otro y mucho menos pensar contra el otro. Buscar coincidencias. Poner el ojo en lo que nos une y no en lo que nos separa.

A partir de ahí seguro que vamos a coincidir en algunas: Esta pandemia puso todo “patas para arriba”. No es la primera vez que en la historia de la humanidad todo se da vuelta. También podemos intuir que, posiblemente, no será la última. Y vamos también a coincidir que lo que antes parecían cosas “de película” se hicieron cosas de todos los días. Echamos mano a los encuentros por zoom, a las charlas de teléfono, a los correos electrónicos, a los mensajes de whatsapp, a las Misas transmitidas por YouTube. Las redes estallaron. Y a nadie se le ocurre decir “hoy me encontré virtualmente con un amigo” simplemente decimos “hoy me encontré con un amigo” y todos sabemos de qué se trata la cosa. Lo real se hizo virtual y lo virtual se hizo real.

Los peregrinos “reales” se hicieron “peregrinos virtuales” y seguramente, en el plan de Dios, está que los peregrinos “virtuales” peregrinen físicamente algún día. Mientras tanto ¡otra que la vuelta al mundo en ochenta días!

Lo que si podemos tener claro es que un peregrino virtual es un peregrino real porque peregrina y camina “en espíritu y verdad”. La alforja de un peregrino “virtual” lleva adentro su ordenador o laptop, el teléfono móvil y cables de repuesto. El bordón o bastón es su conexión a internet y su oración hecha letanía: ¡Que no se me caiga la conexión! Un real y verdadero peregrino virtual S.XXI.

La soledad y el silencio del peregrino

El peregrino puede vivir la soledad en el camino de muchas maneras. Como peregrinos podemos sentir la necesidad de andar un poco solos y en silencio. Soledad de adentro y de afuera. Silencio de ruidos externos y silencio de voces internas.

¿Para qué esta soledad? ¿Para qué este silencio? ¿Por qué son necesarias para un peregrino?

Para rezar y rumiar la vida vivida. Para soñar la vida que viene. Para sentir la vida que vive. Para reconocer que el silencio permite escuchar. Para estar solo aún rodeado de otros peregrinos. En la soledad conozco y me reconozco. En el silencio me escucho y escucho.

Ambos, la soledad y el silencio, me preparan para conocer y reconocer al otro, para escuchar y ser escuchado. En una palabra, me preparan para el encuentro con otro y con los otros. Y también para dejarme encontrar.

Peregrina, peregrino, ¡Hagamos juntos el camino!

Y después del silencio y la soledad ¡Bienvenida sean la charla y la compañía! O lo más lindo ir mezclando un poco de esto y un poco de aquello. Nos tenemos que acompañar en esta virtualidad bien real para que ningún peregrino “se pierda en el camino”. Y dejarme acompañar.

Animar a otros a seguir caminando, a seguir viviendo. A su ritmo, a su aire. Reconociendo que el otro es tierra sagrada. Pero esto ya es otro tema. Hace tanto bien sentirse acompañado. Tener un amigo peregrino. Alguien que sabe que estoy caminando y está atento a mis pasos. Sin invadirme. Siempre respetándome. Peregrinar es esperanza y espera. Caminar en esperanza y aprender a esperar al otro peregrino y saber que otro peregrino me espera.

PEREGRINA, PEREGRINO, ¡HAGAMOS JUNTOS EL CAMINO!

Vivamos en “estado de peregrinación”. Disfrutando de las charlas, los silencios, la soledad y la compañía.

Me voy a descansar un rato. Peregrino que descansa no se cansa y en cualquier momento te alcanza o te espera con esperanza en la próxima parada. Si ya lo sé, pero no puedo evitar jugar con las palabras. Voy a aprovechar el descanso para escribir un poco (¿Alguna vez intentaste escribir un cuaderno de viaje mientras caminás?)

Te hago una confidencia. Estoy escribiendo el “Diccionario del Peregrino Challenge”. Es que en los Challenges también se aprenden idiomas. ¡Ahora sé que las agujetas no solamente son para tejer!
EUNTES

Hasta la próxima, Martín 

PD: Hay una canción muy linda que aprendí de chico. Se llama “Soy Peregrino en Esta Tierra” Te dejo la letra para que la reces hasta que nos reencontremos.

Soy peregrino en esta tierra
Marcho contento hacia Dios
Soy ciudadano de su reino
Voy anunciando su amor
Hay una estrella en mi camino
La luz divina de la fe
Ella señala mi destino
Llegar a ti, Jerusalén
Soy peregrino y caminante
Soy mensajero de la paz
Traigo a los hombres el mensaje
Que con nosotros Dios está
Hay una estrella en mi camino
La luz divina de la fe
Ella señala mi destino
Llegar a ti, Jerusalén
Soy luchador y peregrino
Construir el mundo es mi misión
Y completar así el designio
De nuestro padre creador
Hay una estrella en mi camino
La luz divina de la fe
Ella señala mi destino
Llegar a ti Jerusalén