Por: Fernando Arriero Pentatón. 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Ven Espíritu Santo sobre esta comunidad internacional que nos reunimos ahora para preparar el corazón de tal manera que la Cuaresma no pase por nosotros, sino nosotros por la Cuaresma y, así, acogiendo las cruces y disfrutando de los signos cotidianos de resurrección, nos dispongamos con ánimo grande a vivir dentro de unas semanas el gran misterio de la Pascua. Te lo pedimos a ti, Espíritu Santo, por intercesión de María, mujer del sí y discípula perfecta. Amén.

Hemos empezado una nueva Cuaresma, un tiempo en el que deseamos cuidar nuestro ritmo de vida para que nuestros quehaceres no vayan engullendo irremediablemente el sentido profundo de la vida con sus muertes y resurrecciones // el sentido profundo de la Pascua del Señor.

Y como sabemos que en ocasiones la preparación es casi tan importante como la celebración, marcamos el camino hacia el Calvario y el Santo Sepulcro con los indicadores del ayuno, la oración, la limosna o prácticas como el viacrucis o novenas… ¡Y nos echamos a andar para ver si llegamos a Jerusalén y coincidimos con los días en los que Jesús vive sus últimos días en la tierra! Vamos con ánimo pues no queremos llegar tarde a los acontecimientos de la Pascua. Y es que pareciera que con el sacrificio cuaresmal llegamos antes y mejor preparados, convirtiendo la Cuaresma en un gimnasio para disponernos adecuadamente ante lo que se nos va a venir encima en Jerusalén.

Sin embargo, este planteamiento encierra un coeficiente de egocentrismo sutil pues sitúa a Jesús exclusivamente en la meta. Es como si no nos diéramos cuenta que Jesús no solo es el fin, sino también compañero de camino hacia la Jerusalén que le apresará, juzgará, condenará y asesinará… y donde el Padre lo resucitará. Y si Jesús es acompañante, ¿se nos ocurre alguna alternativa mejor para vivir renovadamente la Pascua que decirle al Señor,

“Jesús, contigo y como tú”?

A esta misma conclusión podemos llegar al mirar la composición de los evangelios. El teólogo alemán Martin Kahler definió los evangelios como la pasión con una extensa introducción. Y es que parece ser que el relato de la pasión se transmitió y difundió oralmente e independientemente entre los creyentes hasta que tres décadas después de puso por escrito.

Evangelio San Marcos

Marcos, el evangelista que en primer lugar puso por escrito su testimonio, conocía el relato de la pasión. Y para que su obra tuviera cierta coherencia interna, tuvo que crear vínculos entre el relato de la pasión y los capítulos anteriores. Un modo de hacerlo fue crear una serie de anticipaciones durante la vida pública para que el lector del relato evangélico ya se fuera preparando a lo que Jesús tenía que vivir en Jerusalén.

Podríamos decir que de esta manera Jesús se convierte en un pedagogo (Maestro) de sus seguidores con el fin de que descubramos:

  • La densidad liberadora del Reinado de Dios
  • La identidad de un Dios-Abba
  • Y cómo comprometerse en el discipulado conduce a la Vida con mayúsculas, pero siempre y cuando no esquivemos las cruces de la vida.

Pero este aprendizaje no es racional sino existencial, y bien se podría resumir en la frase “Conmigo y como yo”, es decir, “venid cerca de mí, caminad a mi lado, no os separéis de mí… porque de este modo aprenderéis mi estilo, mi manera de ir por la vida. Compartiendo cotidianidad, compartiremos destino, que no es otro que la Pascua de Resurrección”.

Pues bien, dentro de estos nexos anticipatorios que ya van preanunciando lo que se viviría en Jerusalén, hemos seleccionado dos para tenerlos como de música de fondo y un díptico inseparable en este tiempo de Cuaresma.

Triple anuncio de la Pasión

Hasta en tres ocasiones, Jesús anuncia que será entregado y asesinado por las autoridades religiosas, que en aquella época estaban muy unidas a las autoridades políticas (Mc 8,31-32; Mc 9, 30-34; Mc 10,32).

Tres veces puede ser un buen recurso literario para ir tejiendo la congruencia interna del texto, para que no se note tanto que la vida pública y el relato de la Pasión son dos fuentes diferentes. Pero… ¿una triple repetición? ¿No había otro recurso literario más interesante que la repetición?

Podría ser pero… ¿no podría leerse también que la cruz fue tan escandalosa y tan difícil de digerir por los propios discípulos?

Fue una cruz no buscada, fue una cruz cruenta, fue una cruz que vino como consecuencia de una postura vital: el amor y la fraternidad universal que no deja nada ni nadie en la cuneta de la historia. He ahí la cruz.

La Cuaresma no propone el rezo del viacrucis desde una actitud masoquista, o el ayuno como un modo de hacer sacrificio para fastidiar. Algo así como: “Ya que Jesús sufrió, suframos todos”.

Es como que algunas personas se empeñan en un dolorismo por el que se ganan puntos de santidad.

En serio, ¿acaso alguien cree en España, por ejemplo, con una pandemia, un volcán y una guerra, necesitamos más coeficiente de dolor? ¡No, gracias!

La cruz es un aviso para aquellos que consideran que seguir a Jesús implica que todos nuestros vecinos nos aplaudirán por ser creyentes, que a nivel social vamos a ser comprendidos, que la enfermedad o la injusticia serán resueltas en nuestras vidas. Básicamente, para quienes desean huir del escándalo de la cruz.

Jesus en la cruz

Mirando a nuestro mundo, hay tres cruces que nos siguen escandalizando hasta tal punto que la fe en Jesús parece tambalear:

  1. La cruz de la enfermedad. ¿Dónde ha estado Dios en medio de esta pandemia? ¿O en este cáncer? ¿O en esta demencia que destruye mi memoria e identidad?
  2. La cruz de la injusticia de los dirigentes políticos que gestionan los recursos de nuestros países. ¿Cómo seguir confiando en un Dios que no ayuda a que caigan los dirigentes corruptos de nuestro mundo?
  3. La cruz de la violencia que arrebata la vida de manera indolente. ¿Qué Dios permite que caigan misiles en colegios y hospitales ucranianos?

En definitiva, ¿cómo es posible creer en un Dios que es Abba ante estas cruces? Pues Jesús nos recuerda: “Conmigo y como yo”. Y esto supone rechazar la reacción de Pedro cuando le dice a Jesús: “No, Señor, eso a ti nunca te ocurrirá”. Pedro somos todos nosotros: negamos que la cruz va en serio y llega a todos y a todas.

Sí, a nosotros también nos ocurrirá. Y nos dolerá y chillaremos que esto es injusto… y ocurrirá en nuestro pueblo, ciudad y también en la Iglesia u ONG en la que estemos. Sin embargo, el escándalo de la cruz puede ser asumido como parte de la vida e incluso como fuente de vida sobreabundante.

Y eso, ¿cómo se hace? Jesús se lo dejó bastante claro a Pedro al decirle: “Ponte detrás de mí, Satanás, porque tú piensas como los hombres y no como Dios”. Así es, Jesús de modo muy serio nos dice que él no piensa rechazar la cruz y que si alguien desea seguirle que aprenda de él, convirtiéndose en discípulo.

La Transfiguración

Situada en el capítulo 9 del evangelio de Marcos, en medio de los anuncios de la Pasión, esta escena ilumina nuestro camino de Cuaresma.

Jesús sube y se deja acompañar por sus grandes amigos Pedro, Santiago y Juan.

Jesús aparece en la cima de un monte alto como un personaje luminoso y divino entre Moisés (símbolo de la Ley judía) y Elías (paradigma del profetismo hebreo). Pedro, al verse tan dichoso de contemplar tal suceso, le pregunta a Jesús si desea que se construyan tres tiendas para Moisés, Elías y Jesús. Parece que Pedro mete de nuevo la pata y no se ha enterado de mucho.

En esta Cuaresma también nosotros acompañamos a Jesús en esta escena de la transfiguración para que disfrutemos de los reflejos de su resurrección y divinidad. Rechazar en la Cuaresma los previos de la resurrección es reducir la preparación cuaresmal a los aspectos de Viernes Santo, como si no necesitáramos prepararnos para acoger la inmensidad de la Vida del Domingo de Resurrección.

Considero que esto es un error porque somos muchos los que por formación, personalidad y espiritualidad estamos suficientemente abiertos a acoger las lágrimas y las heridas del mundo, pero  ¡cuántos nos cuesta disfrutar de la fiesta, lo gratuito, lo irracional, el placer y la alegría y el amor desbordantes! Si Cuaresma es prepararse para la Pascua, ¿cómo no vamos ya a saborear y celebrar los elementos de luz que también aparecen en la vida cotidiana? ¿O es que nuestros ojos andan cegados como los de los discípulos de Emaús para reconocer a Quien ya camina a nuestro lado?

transfiguracion de Jesus

Acompañar a Jesús en la transfiguración (contigo) nos contagia de su estilo (“como tú”). Al presentarse Jesús entre Moisés y Elías, queda patente su superioridad:

  • Jesús está por encima de la Ley (Moisés), es decir, estar con Jesús implica ir más allá de la norma vacía o el cumplimiento extrínseco. Vivir cuaresmalmente exige la responsabilidad de dar contenido profundo a las practicas cuaresmales, sin hacer de ellas una seguridad religiosa sino más bien un trampolín espiritual que nos permita navegar al ritmo del oleaje del Espíritu.
  • Jesús está por encima de Elías, el gran profeta del AT. Jesús es el nuevo profeta anunciado por los Profetas. La palabra de Jesús se hace realidad, es eficaz. Y es que Jesús es la misma Palabra, el Logos de Dios. Al estar con Jesús, aprendemos su estilo de profetismo:
  • Solo hablar en nombre del Padre
  • Anunciando misericordia
  • Denunciando todo aquello que nos resta vida.

En esta Cuaresma, al permanecer al lado de Jesús, nos convertimos en palabras elocuentes de Jesús para nuestros coetáneos. ¿Qué tipo de palabra eres tú? ¿Qué dirían los que están a tu lado? ¿De queja, de acción de gracias, de luz, agónica…? ¿Eres verbo, preposición, sustantivo, complemento directo, indirecto, circunstancial…?

  • Pero esa superioridad y novedad de su nueva ley y nueva profecía no le lleva a separarse del mundo. Jesús quiere que le acompañemos de nuevo de bajada. Allí donde el mundo es barro, es gris, es un tejido de relaciones multinivel.

En definitiva,

El triple anuncio de la pasión y la transfiguración nos recuerdan que la dinámica pascual de muerte y resurrección ya la podemos estar viviendo porque aunque la vivamos con gran intensidad dentro de unas semanas, Jesús ya camina a nuestro lado y nos enseña que solo estaremos preparados para entrar en Jerusalén sobre el burrito del Domingo de Ramos, si desde ya acogemos las cruces que nos trae la vida (por favor, no busquemos más) intentando ser bálsamo para las heridas ajenas y si disfrutamos de la vida que ya se despliega a nuestro alrededor.

Y todo esto, orando, como un continuo mantra: “Señor, contigo y como tú”.

 

 

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