Por: María Alejandra Nogueira Sánchez

Qué quiere el Señor para nosotros, buscadores de las honduras espirituales, animosos ante los desafíos virtuales -y de ellos otros-; nosotros, tan ardientes a veces en la vivencia de la fe y a veces tímidos, decaídos, tan débiles fuegos.

Es ÉL quien nos atisba, nos relojea, nos respira dulcemente e incluso, nos prueba. ÉL nos regala su presencia y esa fe tan niña o tan madura como don, instrumento para encontrarlo.

Exploradores-peregrinos sedientos y animosos, seguro que cuando nos matriculamos en el primer challenge un rescoldo del Fuego primigenio, un eco de la Luz suprema nos impulsó a hacerlo.

Y ya inmersos en las Etapas el rescoldo se volvió calor que quema sin dolor y la Luz, tan clara que nos con-movía para dar-nos, para devolver más y mejor a quien se nos dio primero y entero.

Al pulsar en aquella primera Etapa 0, quizá no aspirábamos a tanto como nos fue dado: además de los contenidos resueltos en textos, música, viñetas, instructivos, empezamos a sentirnos parte de una familia que cuenta hasta con un bebé nacido mientras muchos peregrinábamos a Santiago.
Además, hemos conocido a los acompañantes, hombres y mujeres inspirados que saben forjar lazos perdurables mediante los grupos de Whatsapp, los correos electrónicos, las conversaciones virtuales.

Concluidos los diversos challenges, mantenemos el contacto con esos amigos con los que caminamos hacia Compostela o Medio Oriente o el Pesebre o Lourdes o Auschwitz . Amigos en la fe con quienes intercambiamos, gracias a la tecnología, circunstancias vitales e información.

Esperamos reencontrarnos en 2021. Juntos, avivaremos la llama que el Señor encendió; siempre humildes ante los planes de este Dios que, en su eterno presente y respetuoso del libre albedrío con que dotó a sus criaturas humanas, mostrará, imagen viva del amor, los mejores senderos.