El encuentro

por | Ago 14, 2023

Cristo brilla en nosotros. Él es el resplandor eterno de las almas, enviado por el Padre a la tierra, para iluminarnos con la luz de su rostro, para que nosotros, que antes estábamos inmersos en las tinieblas de la tierra, podamos ver las cosas eternas y celestes.

Dice el Obispo San Ambrosio de Milán, que “Zaqueo prefirió la luz de la gloria de Cristo y oyendo que pasaba el Señor, subió a un árbol, porque, al ser bajo de estatura, no podía verle con tanta multitud. Vio a Cristo y encontró la luz. Lo vio y, de robar anteriormente las cosas a los demás, pasó a distribuir las suyas propias”. El concepto de encuentro es el lugar donde se recogen los significados, donde las personas dan los grandes cambios, como vemos en Zaqueo.

Al leer el texto del encuentro de Jesús con Zaqueo, viene a mi memoria la frase que dice:

“El Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.

Es una afirmación de Jesús que nos explica que ha pasado en Zaqueo. Hemos oído muchas veces la palabra salvación y aquí Jesús la aplica, diciendo a Zaqueo: “Hoy ha sido la salvación a esta casa”. Un encuentro implica cambios, no es estar al lado de una persona y ya, sino que conlleva la salvación.

Ese momento es un encuentro de Jesús con Zaqueo. El concepto encuentro es una realidad muy profunda, no es una entrevista, no es una reunión. En un encuentro hay una interacción de lo profundo del hombre, si no, es una entrevista. Se dice que el encuentro es entre dos personas o no es nada. Y si esas dos personas no llegan hasta el final no se encuentran una con otra.

 

Imagen de hariyandhamma en Pixabay

El encuentro es una integración del hombre, es humanizador y Jesús es especialista en los encuentros. La Sagrada Escritura nos puede ayudar en nuestros encuentros con Dios. En ellas tenemos varios encuentros de Jesús: con Zaqueo, con Nicodemo, con la Samaritana, con los discípulos de Emaús. ¡El encuentro es más que un simple hablar! En los encuentros de Jesús encontramos todos los rasgos que lo hacen humanizador, salvador. El encuentro primordial es con Dios. 

En la vida de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, explicaba muy bien el encuentro con el Señor, explicitando que no hay que ir con prisas porque así no es un encuentro. El encuentro no es simplemente estar al lado de una persona. Nos encontramos primeramente con Dios, de lo contrario es pura función y el encuentro con Jesús nos transforma.

No conocemos los datos de la conversación, ni el trato cómo fue, ni lo que hablaron, pero dado cómo es Jesús, conociéndolo, sabemos que no se mete demasiado, sino que transforma. Jesús transforma la conducta moral pero no sólo dice que lo que haces está mal, sino que va a la fuente, de forma que encontrando la belleza, la grandeza, la bondad y la altura espiritual del verbo encarnado, que es Jesús, quedamos asombrados y nos miramos a nosotros mismos, porque este es el camino que tiene el encuentro.

 

Imagen de Ronald Sandino en Pixabay

Cuando San Pedro se encontró con Jesús le dijo: “apártate de mí que soy un pecador”. El encuentro se da en la presencia viva de dos personas en interacción. Es ir en su busca para concurrir en un mismo sitio con él. Fácilmente podemos proyectar sobre el otro lo que no pertenece al otro, ni es real. Para que se dé una comprensión en profundidad, es necesario quitar los miedos. Los encuentros son formativos, son inspiradores del sentido de la vida y te cambian el significado de la vida.

Los dos discípulos de Emaús al encontrarse con Jesús, primero le abren su corazón, luego le escuchan explicar las Escrituras y después le invitan a su casa. También nosotros podemos dar estos tres pasos en nuestras casas: abrir el corazón a Jesús, confiarle las cargas, las dificultades, las desilusiones de la vida. Escuchar a Jesús tomando el Evangelio en mano, leyendo los pasajes que hablan de Él y rezar a Jesús con las mismas palabras de aquellos discípulos: “Señor, quédate con nosotros” porque te necesitamos para encontrar el camino.

Dijo el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud del año 2015: “El encuentro con Dios en la oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna, les ayudará a conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de Emaús, la voz de Jesús hará arder su corazón y les abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas”.

 

Imagen de kalhh en Pixabay

La Eucaristía es un encuentro. Entramos en el encuentro con Jesús en las condiciones en que estamos, pero no sólo en el campo religioso. La persona se encuentra en la plenitud cuándo ha encontrado algo que la ha hecho levantarse. No podemos cambiar la moral de una persona si no cambia los núcleos y eso es lo que hace Jesús. 

Por último, en el cambio más radical, quiero mencionar el último y definitivo encuentro de cada uno, al final de la vida. Quien muere no nos abandona, no nos deja, no se va. Si acaso, cambia su morada: deja de estar aquí en la tierra, deja de encontrarse con los seres queridos o con los amigos, para encontrarse con Dios en la vida eterna. Y a nosotros nos queda el encuentro del vínculo con esa persona fallecida y la felicidad de saber que ya ha llegado al final de la meta.

En definitiva, el encuentro se da de manera natural, en la vida y en la muerte. Mientras estamos viviendo en el mundo, nos vamos encontrando con Jesús en la Eucaristía y en la oración, nos encontramos con los hermanos o con los amigos en los encuentros fraternos, amistosos, nos hemos de encontrar con los compañeros de trabajo, con otros peregrinos en el camino de la vida, y mientras tanto prepararnos para nuestro encuentro con el Señor, donde gozaremos de la plenitud del amor.

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