Por: Inma Gema Sánchez. 

Hace unos días se me ocurrió “hacer un experimento”: al llegar el mes de octubre y con el nuestro esperado Santa Teresa de Jesús Challenge decidí ponerme el traje de periodista curioso y salir a preguntar:

¿Qué me puedes contar sobre Santa Teresa en una sola frase?

El perfil de los encuestados fue bastante heterogéneo, personas entre 14 a 80 años, con diversas profesiones, de distintas nacionalidades. He encontrado todo tipo de respuestas, algunas verdaderamente sorprendentes y muchas otras los “típicos tópicos”, aquí os dejo un ejemplo de las contestaciones más repetidas.

– “Una monja que escribía y estaba medio loca ¿no?

– “La primera mujer doctora de la iglesia”.

– “Uf, no me hables de monjas ni de curas…yo solo creo en Dios”
(esta fue una sola persona, pero me parece peculiar la respuesta).

– “Ni idea” (solo una persona no la conocía)

– “Púes una monja poetisa que escribió eso del ‘nada te turbe´”

– “Ah sí, la santa de Ávila a la que quería quemar la Inquisición”.

– “Púes, yo soy licenciada en literatura…” (Esta fue incapaz de decir solo una frase).

– “Una monja que levitaba, tenía éxtasis y escribió muchos libros”

– “Una mujer adelantada a su tiempo, mística, sabia, escritora”.

 – “Una santa de Dios, modelo de oración”.

– “La primera feminista de la historia”.

 – “Una santa que fundó muchos conventos”.

– “Amiga de San Juan de la Cruz, los dos reformaron el Carmelo”.

– “Sí Santa Teresa, la conozco, pero no la rezo porque no es una santa milagrera”.
(Esta es la respuesta que más me he impactado, me dejó boquiabierta… en fin).

Santa Teresa de Jesus

Entre estas frases, más o menos, se definieron todos los encuestados. Unas más acertadas que otras, pero siempre Teresa se dibuja como gran conocida y a la vez enormemente desconocida, pero lo que me quedo muy claro es que casi nadie es ajeno su existencia.

Si la pregunta me la hubiese realizado a mí misma hubiese respondido sin dudarlo:

“Teresa es imposible de definir en una frase, pero tal vez me decida en afirmar que es una mujer que sintió y trató a Jesús como AMIGO”.

Teresa es como un puzle, mil piezas que reunidas nos muestran un maravilloso tapiz, cada una de las piezas es única y valiosa, y no podemos entender el conjunto sin todas y cada una de ellas. Piezas que se ensamblan y permanecen unidas gracias al fuerte amor que emana de su corazón hacía Jesús, a ese “Jesús de Teresa” que se presentó ante ella, en los pasillos del monasterio de la Encarnación, como el Dios Niño.

Cada uno de los encuestados ha apuntado una de esas piezas.

Hay una Teresa mística, la más conocida, una Teresa que anduvo buscando y buscando a Dios y empezó a encontrarlo ya con 40 años, después de vivir y pasar por su “cueva de Manresa”, después de sufrir mucho sin saber ni encontrar la manera de hablar con Dios, tras mucho leer y mucho discernir llegó el punto de inflexión en su vida, en el que Jesús entró de golpe en su corazón y ya no volvió a ser la misma, ella lo sintió en su transverberación, en un momento de íntima comunión y acercamiento a Dios.

Hay una Teresa economista, versada en política y habilidades sociales, esta pieza del puzle la ayudó a fundar sus 17 conventos. Si no hubiese existido esa Teresa que negoció hasta extenuación con obispos, nobles, cardenales sus “palomarcitos” no se hubiesen llagado a construir, en una época en que la mujer era nada o menos que nada, se enfrentó con fuerza y coraje a un sinfín de calamidades para fundar sus conventos, incluso amasaba yeso y puso más de dos ladrillos. Una mujer de gran coraje y fuerza.

Teresa una mujer con los pies en la tierra: “Hablemos de las cosas del mundo que en el vivimos”. Todo lo pone en manos de Jesús, pero no solo es orar, hay que trabajar y servir, luego el Señor hará lo que esté de su mano, ella no deja ninguna puntada suelta, trabaja y trabaja hasta desfallecer. Trabajo otra pieza esencial del puzle.

Teresa madre, La Madre la llamaban sus monjas, las trataba con mucho amor y también les exigía mucho, pero era mucho más el cariño que ofrecía. Escribía miles de cartas a las prioras de sus conventos dándoles ánimos y fuerzas ante las adversidades que se encontraban en sus oficios, nunca las dejo solas o desvalidas y acudía cuando podía en su ayuda. Tan fuerte y dura en el trato como amable y cariñosa.

Santa Teresa de Jesus

Teresa la escritora y poetisa, las más conocida, a la que todos respetan, no hay intelectual creyente o ateo que no reconozca la maravillosa pluma de la santa. Para ella la escritura fue un mandato de obligado cumplimiento, no escribía para su vanagloria y reconocimiento, sino obligada por muchos de sus confesores y es indiscutible que el Espíritu Santo le guiaba la mano en cada una de sus maravillosas y únicas obras, sobre todo en “Las Moradas” o en “Camino de Perfección”. Sus poemas son preciosas oraciones que elevan al cielo los más profundos sentimientos.

Teresa fundadora, se propuso renovar la orden carmelita, y lo consiguió, y fundó conventos de mujeres y de hombres ayudada por San Juan de la Cruz en estos últimos, nada menos que 17 en 20 años por toda la geografía española.

Teresa humilde siempre, sabía abajarse a los mandatos de sus sacerdotes confesores y aun no siendo de su agrado, realizando las tareas que le eran encomendadas.

Teresa “Hija de la Iglesia”, por mucho que algunos quisieron siempre culparla, nunca pudieron, siempre permaneció fiel y obediente a la iglesia y lo pudo decir hasta el día de su muerte en voz alta. La temible Inquisición no llegó a encontrar mal alguno en ella.

Teresa maestra de oración, su trato con Jesús era tan humano, tan natural, la oración era su día a día, hablaba con Jesús con una gran naturalidad, pasaba de la oración al hablar cotidiano continuamente, oraba en todo cuanto hacía “Hasta entre los pucheros anda el Señor”. Habla a Jesús de tú a tú en todo lo que hace, incluso llega a “regañarle” con ese humor suyo tan característico, “Ay, Señor, así tratas Tú a tus amigos… no me extraña que tengas tan pocos”.

Enamorada toda su vida, hasta el extremo, de Jesús, solo así se entiende de donde sacaba tanta fuerza y energía para acometer todos los proyectos y dificultades en que se ocupó. Tanta fuera solo podía venir de Él y de una unión constante con el Espíritu Santo.

Teresa enferma. Ella nunca se quejó, sabemos de sus enfermedades por los que la acompañaron y lo contaron y escribieron. Desde muy joven enfermó, le dieron incluso por muerta en una ocasión, siempre con problemas de estómago, de dolores de huesos, de hemorragias uterinas… pero nunca se quejó ante nadie, solo los más íntimos conocían sus pesares y se asombraban de como muchas veces podía seguir con el sufrimiento que llevaba encima. “No hay que molestar nunca al otro con mi dolor, bastante tiene cada uno con los suyos”.

Santa Teresa de Jesus

Dejo para el final mi Teresa favorita, la que me reconforta y anima, la mujer de la alegría. Sabiendo todo lo que penó y pasó y trabajó y vivió, me parece increíble que esta pieza del puzle exista y sea, a mi parecer, la que le lleva a la santidad, la Teresa del “Solo Dios basta”.

Todo en este mundo es gloria vana, todo se pasa, pero Dios siempre está ahí para apoyarnos, solamente Dios da sentido a todo, con paciencia es posible alcanzar este sentir, es posible vivir solo esperando en Dios y con Dios; por eso Teresa ante todo es una mujer alegre, divertida, feliz, con buen humor, una mujer que en Navidad hace procesiones por los pasillos del convento y va tocando la pandereta con sus monjas cantando villancicos que ella misma escribe. Una mujer que anima a los que la rodean a estar contentos y alegres: “Un santo triste es un triste santo” y “Tristeza y melancolía no quiero en el alma mía”.

Teresa fuerte, valiente, decidida, amorosa, amiga, humana. Una mujer que transcendió a su época, que es modelo para nuestra vida, de la que tenemos mucho que aprender, una mujer que si empiezas a conocerla te sorprende cada día, con la que puedes reír y llorar, con la que puedes encontrar a Jesús.

Teresa nos ha dejado el mejor consejo:

“Quien tiene a Dios nada le falta, Solo Dios basta”.

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