Introdución de Ma. Alejandra Nogueira 

Por primera vez accedieron a la aventura de Challenge Internacional y de los Ejercicios Espirituales al estilo de San Ignacio.  Etapa tras etapa, conexión tras conexión, degustaron el mensaje sabroso del Señor.

Algunos eran experimentados caminantes y, sin embargo,  cada instante les aportaba nuevas emociones. Unos y otros han querido contar “lo que han visto y oído“. Porque cuando se ha crecido tanto en la fe y en la espiritualidad la propia  voz se oye más clara  si se la suma a la de tantos  peregrinos virtuales.

Eso que se desea ofrecer es el Testimonio. A través  de estos, los Testimonios, podemos  reconocernos hijos del mismo Dios, siempre en búsqueda que se vuelve más  ardiente si se comparte.

San Ignacio Challenge

Después de reposar lo vivido en estos días de Ejercicios Espirituales Challenge, me atrevo a compartir, desde el AGRADECIMIENTO, mi testimonio.

¡Cuánto cariño y profundidad en todo! En el acompañamiento, en las meditaciones, en los puntos para la oración…Tengo mucho que agradecer, primero a Fernando Arriero que ha dirigido los ejercicios y a Mónica Benetti que me ha acompañado en este intenso recorrido, también al equipo Challenge que nos ha brindado la oportunidad de poder vivir esta experiencia, a todos los compañeros que han realizado estos ejercicios, la oración se ha notado, que maravilla sentirte siempre acompañada… y lógicamente a nuestro Señor Jesucristo, que, como ya sabéis, aprovecha todas las oportunidades para mirarnos y decirnos que nos ama; como siempre haciéndose el encontradizo en medio de nuestra vida.

Debo reconocer que me inscribí en esta experiencia como una “ayuda” hasta poder realizar unos ejercicios en algún lugar apartado del ruido, ya que el concepto que tenía de una posible experiencia on-line no me convencía mucho, no es lo mismo, pensaba…

Ahora le aconsejaría esta experiencia a todo el que tenga actitud positiva para realizarlos, es decir, que de verdad quiera hacerlos.

Desde luego, yo estaba dispuesta (y lo necesitaba, ya que por la situación COVID, el año pasado no pude realizar mis ejercicios anuales… y como os imagináis el año ha sido un pelín difícil para todos y la vida interior también hay que trabajarla); sí, mi actitud era de meterme de lleno en esta experiencia que Dios me estaba preparando, tomarme en serio los ratos de oración, motivada a dejarme sorprender por el Evangelio, a dejarle hacer en mí, con el corazón abierto a lo que Dios quisiera, …

Y ”la mirada de Jesús” ha calado hasta el fondo, yo sabía que tenía que trabajarme “un poquito” algunas fisuras o heridas se estaban agrandando, haciendo daño, produciéndome sufrimiento, pero nuestro amigo Jesús no se conforma con un poquito y ha penetrado por todos los rincones del corazón, hasta romper las ataduras que me impedían amar de verdad (amarlo a Él, amar a mis hermanos y amarme a mí misma) y por tanto ser feliz y ha aprovechado la oportunidad para recordarme mi opción de entrega incondicional; verdaderamente ha sido un tiempo de gracia de Dios.

Como el Espíritu de Dios sopla como quiere, el primer día empezó haciéndome consciente que hay un camino de seguimiento desde la cruz hasta el resucitado para que al final lo pudiese vivir como una unidad, que se puedan dar la mano; y debemos dejarnos sorprender en el trayecto, porque mi vida, con mis virtudes e imperfecciones es un don, por tanto, mirar en lo ordinario lo extraordinario.

En estos ejercicios Jesús no me ha preguntado ¿me amas?, sino que, para que yo pueda buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida, me ha preguntado ¿cómo me miras? y con esa pregunta me ha ido mostrando la mirada que ama y agradece, la mirada que perdona y acoge, la mirada que invita y envía, la mirada que sana y empodera, la mirada que se entrega hasta el final y la mirada que contagia vida… llenando de sentido al trayecto espiritual que estaba aconteciendo en estos días.

Debo reconocer que, como Tomás, necesitaba MIRAR, necesitaba ese encuentro más cercano, y hasta que no he metido mi dedo en su costado abierto no he sido capaz de cambiar mi mirada. Decía al principio que los ejercicios on-line no me convencían mucho, pues ahora digo GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, POR TANTO, GRACIAS POR TODO… GRACIAS POR ESTAS MOCIONES ESPIRITUALES.

Soy incapaz de poner en palabras todo lo que se ha removido por dentro, todo lo que Dios ha hecho en mí en estos días, meter mi dedo en su costado ha supuesto volver a caer en la cuenta que tengo un camino que seguir, que la cruz y la resurrección son una, que debo portar el testigo aunque en ocasione duela, que elimine capas protectoras porque también le impido el paso a Él, que cuando me sienta cansada, herida, acuda a refugiarme en el regazo del Padre, que sea capaz de besarle, que me fije en lo divino que hay en lo humano y que sólo necesito ser reconocida por Él… Él es mi consuelo, Él es mi paz, Él es mi amor… terminando con una invitación a salir corriendo (con el testigo en la mano) para llevarle donde Él quiera, al servicio del Reino de Dios… y cuando crea que no es posible, es decir, cuando surgen las dudas, volver a traer al corazón el sentir que coge mi mano y mete mis dedos en su costado, para darme vida, vida derramada que debe derramarse… ayudarle a llevar la cruz por amor a Dios en mis hermanos, esa es la verdadera vida… y mirarme y perdonarme con la misma ternura con la que Él me mira, incluso aunque tenga que meter mis dedos en su herida (en mis momentos de vulnerabilidad, de poca fe… en mis imperfecciones y caídas) ya que es como volver al principio y recorrer un camino hacia el resucitado, dejarle ser luz que entre por las cicatrices de mi vida para iluminar mi oscuridad.

Mucha gratitud ante la abundante Gracia de estos días, henchida de Dios y con la mochila cargada para vivir la quinta semana. Euntes.

Señor mío y Dios mío, ilumina el camino
por el que tengo que llevar tu testigo,
y que por ti, ese recorrido
se convierta en amor oblativo.

 Norka C. 

San Ignacio Challenge

Hace un rato que he tenido el gozo de escuchar la última reflexión de estos ejercicios y sólo puedo decir ¡gracias!. Habéis sido mediadores acompañados por el Espíritu y habéis hecho posible que nos tomáramos en serio estos días.

Llegué con la mochila cargada: cosas, deseos, ideas, ganas de Encuentro… y se ha hecho palpable. Dios ha estado haciendo historia conmigo y con cada uno de nosotros. Los encuentros compartidos reflejaban nuestras ganas de encontrarnos con Cristo y vivir la vida con hondura.

La preparación de cada detalle, la atención personalizada de cada día ha hecho posible que me dedicara por entero a lo que había venido: Ejercitarme en la vida del Espíritu.

Y…la mochila que llegó cargada poco a poco se ha ido vaciando pues, quizás, eso era lo que estaba necesitando: vaciarme para llenarme, retomar la vida ya desde ahora y posibilitar vida y encuentro en el lugar al que me lleves.

¡Gracias familia Challenge! somos familia de Dios y además sois muy grandes porque no os dejáis conducir por cualquiera. Vivís abiertos al Espíritu y conseguís que nuestros corazones vibren y se comprometan en el Reino.

Seguid haciendo el bien. Se necesitan personas que acerquen a Dios.

Agradecida a todo el equipo, un abrazo virtual ¡EUNTES!

 Sori (Religiosa Teatina). 

Gracias, gracias, gracias.

Hacer estos ejercicios Espirituales virtuales ha sido una experiencia maravillosa y transformadora, absolutamente recomendable. Me habéis ayudado a conectar con Dios y con los hermanos de una manera diferente, más profunda, más íntima, menos teórica. He cruzado la mirada con el Señor y siento su presencia real a mi lado. Las reflexiones, los ejercicios, el acompañamiento y los encuentros virtuales han tenido la delicadeza y la profundidad necesarias para abrirnos a la Gracia. Sé que empiezo un camino nuevo y apasionante tras estos días y lo emprendo con verdadero entusiasmo, dando gracias a Dios por haberos puesto en mi camino.

Unidos en oración, ¡Que Dios os bendiga!
 Laura. 

San Ignacio Challenge

¡Gracias Fernando y Equipo Challenge, mi corazón desborda de alegría!

En estos Ejercicios Espirituales recibí el abrazo misericordioso del Padre, Jesús me ayudó a descubrir que mi vida es una historia sagrada porque siempre estuvo Él, me hizo un guiño cómplice para que lo siguiera y me regaló su mirada para mirar mi propio corazón y el de los demás.

Le gustó nuestra manera de encuentro “Como si presente me hallase“. Aquí va lo que dialogamos una mañana:

“Después de la tarde y la noche de ayer tengo el corazón desgarrado, veo el sepulcro vacío, pero no alcanzo a reconocerte Señor. Mis lágrimas nublan mi mirada.

Al lado del sepulcro hay un árbol de la vid con sus hojas en primavera, ayer estaba seco. Este árbol ha renacido, está vivo, me sorprende. En este lugar de muerte hay vida nueva.

Te reconozco cuando me mirás y me llamás por mi nombre y descubro que has vuelto a la vida, has resucitado.

Mi mirada se aclara, los ojos empiezan a sonreír, sé que has vuelto para quedarte siempre conmigo.

Y te pregunto, qué pasa con el dolor de ayer, tu muerte, los signos de muerte en el mundo, Vos con mirada transparente me decís: Ahí también estoy, en cada uno de mis hermanos, para darles vida“.

Un abrazo en el Señor,
 Emilia. 

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